Una revisión de 10 ensayos clínicos aleatorizados con 7,832 pacientes concluyó que los balones recubiertos de fármaco logran resultados similares a los stents liberadores de fármaco para evitar muertes cardiovasculares e infartos en pacientes con enfermedad coronaria. El estudio, liderado por la Universidad de East Anglia (UEA) del Reino Unido, se publicó el 15 de octubre de 2026 en la revista eClinicalMedicine de The Lancet.
La diferencia clave está en lo que se deja en la arteria. Los stents son pequeñas mallas de metal que permanecen de forma permanente, mientras que el balón recubierto libera el medicamento en la pared del vaso y luego se retira, una estrategia que los autores describen como no dejar nada atrás. Para México el hallazgo tiene peso directo: las enfermedades del corazón fueron la primera causa de muerte en el país en 2024, con 192,518 defunciones, de acuerdo con datos de INEGI difundidos el 10 de noviembre de 2025 por Milenio.
Según el comunicado de la Universidad de East Anglia, la investigadora principal Natasha Corballis, de la Escuela de Medicina de Norwich, señaló que los stents son hoy el tratamiento estándar y que los balones ofrecen una alternativa. En los resultados agrupados no hubo diferencia significativa en muerte cardiovascular ni en infarto, incluso al excluir los ensayos centrados solo en arterias pequeñas.
El matiz llega en los vasos más grandes. Al excluir esos ensayos, los pacientes tratados con balón tuvieron más probabilidad de necesitar un segundo procedimiento, con un cociente de momios de 1.84, aunque los autores indican que el dato se apoya principalmente en un solo ensayo y piden cautela. El autor principal, Vassilios Vassiliou, dijo que el enfoque puede reducir algunas complicaciones de largo plazo asociadas a los stents y conservar opciones de tratamiento futuro.
La revista eClinicalMedicine reúne 10 ensayos con seguimiento de 12 a 60 meses y no recibió financiamiento. Los autores advierten que no debe suponerse un efecto uniforme entre los distintos modelos de balón.
Con una enfermedad que supera las 190 mil muertes anuales en México, la decisión clínica entre dejar un implante o retirarlo cobra peso. Queda pendiente saber si el grupo de la UEA amplía el análisis a vasos mayores y lesiones complejas, donde los autores piden estudios más grandes.
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