La bacteria magnetotáctica Magnetospirillum magneticum AMB-1 extendió 43.39% la vida media del nematodo Caenorhabditis elegans, de 17.17 a 24.62 días, según un estudio del Instituto de Ciencias Físicas de Hefei, de la Academia China de Ciencias. El hallazgo, reportado por Investigación y Desarrollo el 5 de octubre de 2026, se publicó en la revista Free Radical Biology and Medicine.
El mecanismo que describe el estudio difiere del de los fármacos antienvejecimiento que se investigan hoy. La bacteria no altera el genoma del organismo ni depende de moléculas sintéticas: actúa mediante estructuras internas llamadas magnetosomas, que le permiten orientarse con campos magnéticos. Los microorganismos magnetotácticos ya se empleaban en medicina para dirigir fármacos hacia zonas específicas del cuerpo, pero su efecto sobre la longevidad no se había explorado. El hallazgo importa a la comunidad latina de Norteamérica porque el envejecimiento poblacional avanza en México, Estados Unidos y Canadá, y la investigación básica sobre el deterioro celular es la base de cualquier terapia geriátrica futura.
El equipo, liderado por el profesor Xu An, comparó tres variantes. La cepa silvestre AMB-1, que produce magnetosomas, dio el mayor beneficio; una variante con magnetotaxis reversible conservó parte del efecto; y una cepa sin capacidad magnetotáctica no prolongó la vida de los gusanos, lo que confirmó que esas estructuras son determinantes. En el análisis bioquímico, el tratamiento redujo 34.11% el hierro ferroso y 52.19% los peróxidos lipídicos, dos marcadores de la ferroptosis, una forma de muerte celular ligada al exceso de hierro y a la oxidación de grasas. Los nematodos tratados también conservaron mejor su función neurológica y la integridad intestinal durante la vejez, señala el comunicado del instituto. El análisis genético apuntó a varias rutas vinculadas con la ferroptosis, entre ellas los genes ftn-1, bli-3 y ads-1.
Los autores describen el resultado como evidencia fundacional para ampliar el uso de bacterias magnetotácticas en la medicina geriátrica. El siguiente paso son los estudios en organismos más complejos: los datos en Caenorhabditis elegans no demuestran que el efecto ocurra en humanos, y el propio comunicado del instituto lo enmarca como una línea de investigación abierta.
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