La posibilidad de generar una imagen en segundos me lleva a pensar en qué parte del trabajo creativo merece más atención. Cuando tenemos muchas propuestas frente a nosotros, necesitamos explicar por qué una funciona para lo que queremos comunicar.

Desde mi perspectiva como parte del equipo creativo de Scientika, una imagen necesita tener una relación clara con la idea que acompaña. Puede ser atractiva y estar bien compuesta, pero eso todavía deja preguntas abiertas: ¿ayuda a comprender el tema?, ¿representa adecuadamente a las personas de las que hablamos?, ¿podría sugerir algo que la información no sostiene?

Con la inteligencia artificial, estas preguntas forman parte del criterio con el que considero que debemos trabajar. Una escena puede parecer convincente y, al mismo tiempo, recurrir a una representación genérica de una comunidad o presentar como fotografía lo que nunca ocurrió.

Por eso, me interesa pensar la selección como una responsabilidad creativa. Elegir implica revisar detalles, reconocer lo que falta y decidir cuándo una propuesta necesita cambios. También supone poder descartar una imagen visualmente lograda si su mensaje resulta confuso.

Creo que ahí hay una oportunidad para quienes trabajamos en comunicación: dedicar más atención a la intención y al contexto de cada pieza. Las herramientas amplían nuestras posibilidades de producción; nos corresponde darles dirección. El valor de una imagen depende de lo que permite entender y de la honestidad con la que representa su tema.