Científicos del Cedars-Sinai Medical Center, en Estados Unidos, presentaron el 10 de julio de 2026 el primer estudio clínico en humanos de una terapia celular modificada genéticamente que busca tratar la diabetes tipo 1 sin necesidad de fármacos inmunosupresores de por vida. La investigación, liderada por la doctora Sonja Schrepfer, fue dada a conocer en la reunión anual de la Sociedad Internacional para la Investigación con Células Madre (ISSCR), celebrada en Montreal, Canadá.
La diabetes es una de las primeras causas de mortalidad en México y afecta a millones de personas, según datos de la Secretaría de Salud. Los trasplantes de islotes pancreáticos, capaces de restaurar la producción de insulina en personas con diabetes tipo 1, dependen hoy de inmunosupresores crónicos para evitar que el sistema inmune rechace las células trasplantadas. Eliminar esa necesidad abre la posibilidad de ofrecer esta alternativa a un número mucho mayor de pacientes.
El ensayo utiliza una técnica denominada ingeniería hipoinmune: las células productoras de insulina, obtenidas de un donante, son modificadas genéticamente para que el sistema inmune del receptor no las identifique como una amenaza. De funcionar, la estrategia permitiría al paciente producir su propia insulina sin los efectos secundarios asociados a la inmunosupresión prolongada, que incluyen mayor riesgo de infecciones y daño renal. La doctora Schrepfer explicó ante la ISSCR que el objetivo de largo plazo es proveer una terapia curativa para personas con diabetes tipo 1. El estudio se encuentra en su fase más temprana y aún no ha reportado resultados clínicos. Entre las preguntas que quedan por responder están la durabilidad de las células trasplantadas, la interacción con respuestas autoinmunes preexistentes en cada paciente y la factibilidad de escalar el procedimiento a poblaciones grandes, de acuerdo con Investigación y Desarrollo.
El ensayo representa la primera ocasión en que se evalúa en humanos si la ingeniería hipoinmune puede mantener vivas y funcionales las células trasplantadas sin inmunosupresión. Aunque el camino hacia una eventual aplicación clínica es largo, el estudio establece un punto de partida para una estrategia terapéutica que, de confirmarse, transformaría el abordaje de la diabetes tipo 1.
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