Estados Unidos impuso el sábado 22 de agosto aranceles de 50 por ciento a unos 20 mil millones de dólares en productos canadienses, según AP. México, en tanto, mantiene libre de arancel cerca del 85 por ciento de sus exportaciones al mercado estadounidense, según el análisis de Enrique Quintana publicado hoy en El Financiero.
La medida de Washington llega después de que Canadá se retirara de la mesa de negociación el viernes 21 de agosto. Ottawa respondió con represalias «dólar por dólar» que entrarán en vigor el 8 de septiembre y apuntarán a acero, lácteos, electrodomésticos, equipo agrícola, celulosa, papel y electrónicos, según la misma AP. El primer ministro Mark Carney dijo que Washington pidió demasiado y ofreció muy poco, mientras el negociador estadounidense Jamieson Greer acusa a Ottawa de retractarse de compromisos pactados, según El Financiero. Lo relevante para México, advierte Quintana, es que Estados Unidos aplicó el arancel incluso a productos que cumplen las reglas de origen del T-MEC: cumplir el tratado ya no garantiza por sí solo el acceso preferencial.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, estima que alrededor del 85 por ciento de las exportaciones mexicanas sigue entrando a Estados Unidos con arancel cero gracias al T-MEC, según El Financiero. Canadá acaba de comprobar que esa protección puede perforarse de forma unilateral. El déficit comercial de Estados Unidos con México alcanzó 203 mil millones de dólares en los doce meses previos a junio, según la Oficina del Censo, y sigue creciendo. Quintana contrasta las dos estrategias: Canadá respondió con represalias desde 2025 y hoy enfrenta aranceles y negociación suspendida; México negoció tema por tema, evitó represalias y prevé una cuarta ronda de negociación en septiembre. Las exigencias que Washington planteó a Canadá, como más contenido estadounidense y reglas de origen más duras, anticipan parte de la agenda de la revisión del T-MEC, advierte Quintana.
Para México, la lección es que el acceso preferencial al mercado estadounidense dejó de ser un derecho ganado por cumplir reglas y se volvió una concesión políticamente revocable, advierte Quintana, quien llama a esa ventaja «la prima México». La cuarta ronda de negociación prevista para septiembre y la revisión del T-MEC serán la prueba de cuánto dura.
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