Imagina una cámara capaz de fotografiar todo el cielo del hemisferio sur cada tres noches, durante diez años. Esa máquina ya existe, se llama Observatorio Vera C. Rubin, y México es una de las piezas del proyecto astronómico más ambicioso del momento, que en 2026 entra a sus operaciones plenas.

La participación mexicana no es simbólica. Según la

Secihti

, el país forma parte del consorcio internacional que opera el Legacy Survey of Space and Time (LSST), la encuesta del espacio y el tiempo que producirá la base de datos astronómica más completa de la historia. El

Instituto de Astronomía de la UNAM

detalla que uno de los centros de datos del proyecto estará en la UNAM, junto a los principales en Estados Unidos, Francia e Inglaterra, y que México aporta a través del consorcio LSST-MX, integrado por cerca de 60 investigadores y estudiantes de varias instituciones.

La escala del proyecto es difícil de exagerar. La cámara, la más grande del mundo, generará unos 20 terabytes de datos crudos cada noche y, en una década, sumará 500 mil terabytes. Con ese caudal, los científicos estudiarán materia oscura, energía oscura, supernovas y objetos del sistema solar, en un esfuerzo coordinado por más de 30 países.

Para México, estar en el LSST significa formar parte de la frontera de la astronomía mundial y formar talento joven en el manejo de datos masivos, una habilidad que trasciende la astronomía. El arranque de las operaciones plenas en 2026 marca el inicio de una década de descubrimientos en la que la huella mexicana ya está puesta.

Fuentes: