El 24 de junio de 2026 dos terremotos sacudieron Venezuela con 39 segundos de diferencia: el primero de magnitud 7.2, el segundo de 7.5. El segundo, solo marginalmente más intenso, causó la mayor parte de los colapsos estructurales. La explicación está en la física de los edificios y el suelo bajo ellos.
Alan Damián Sánchez Pulido, ingeniero civil mexicano especialista en daño estructural, explicó a Wired que muchas estructuras sufrieron daño con el primer sismo, lo que altera el comportamiento original para el que fueron diseñadas. Cuando el segundo terremoto golpea 39 segundos después, el inmueble ya no responde como fue calculado. El problema se agrava en suelos blandos y saturados de agua: durante un sismo intenso, la tierra puede perder capacidad de carga y comportarse como un líquido denso, fenómeno conocido como licuefacción, que amplifica el sacudimiento y multiplica el daño. Para México, el caso tiene resonancia directa: la Cuenca de México comparte condiciones de suelo lacustre similares a las del litoral venezolano, donde las ondas sísmicas también se amplifican.
David Cocke, ingeniero estructural californiano, señaló a El Financiero que muchos edificios venezolanos de concreto, construidos en las décadas de 1950 y 1960, carecían de conexiones de acero reforzado y colapsaron piso sobre piso, en un efecto de acordeón. Eduardo Miranda, de la Universidad de Stanford, identificó las plantas bajas abiertas para estacionamiento o comercio (conocidas como pisos blandos) como otro factor crítico. De acuerdo con la ONU, el saldo supera los 1,430 fallecidos y 3,000 heridos, con pérdidas estimadas en 6,700 millones de dólares. Sánchez Pulido contrastó esta realidad: los reglamentos de construcción en México exigen diseños ajustados al tipo de suelo de cada zona, una precisión que los códigos venezolanos no alcanzan.
La lección para México trasciende la comparación normativa. En un país donde la Ciudad de México, Guadalajara y Chilpancingo comparten suelos blandos similares a los del litoral venezolano, la aplicación rigurosa de los reglamentos de construcción y la revisión de edificaciones anteriores a 1985, cuando el sismo de esa fecha redefinió la ingeniería sísmica nacional, siguen siendo tareas vigentes.
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